Benedicto XVI pronunció un discurso en Ratisbona, supongo que en alemán para que sus compatriotas le entendiesen bien, y citó a un emperador bizantino, al que las tropas musulmanas tenían ahogado hasta las orejas, con el imperio en un puño, y más miedo en el cuerpo que un preso del corredor de la muerte.
Y se ha armado la mundial. O la mundial al cubo. Total. La misma se la montaron a Shalman Rusdie, y no era ni papa, ni conocido, ni alemán. Y es que en los totalitarismos, al que desentona, por muy lejos que esté, se le busca, se le rebana el cuello y a otra cosa. Ni religión, ni Alá, ni las barbas del profeta.
¿Es esto una declaración contra el Islam? No. Porque no hay nada más alejado del Islam verdadero que los inventos humanos a la sombra de las palabras del profeta. Y el régimen iraní, que es el que mueve el cotarro intentando buscarle las cosquillas a Bush, tiene de divino lo que la carrera de cerdos de Arazuri de Fórmula Uno. Como el de Sadam Hussein, que también citaba a Dios cada dos por tres, o el de Muhamar el Gadaffi. Asesinos profesionales, exterminadores de seres humanos, subyugadores de conciencias libres, y nada más. Lo podían hacer en nombre de la religión católica, del pensamiento budista, o del la poesía de Rabindarat Tagore. Será siempre una falsificación humana de algo tan sagrado como el sentimiento religioso, en el que el hombre busca a Dios para encontrar su fin transcendente. No es la primera religión en la historia ni será la única que se mancilla para obtener en su nombre fines espurios.
Cuando sus almas se encuentren con Dios cara a cara no les van a bastar los pelos de la barba para esconder su sonrojo. No les envidio el día.
22 de septiembre de 2006
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