Les faltó a los magistrados tiempo para reunirse, acordar por unanimidad, y sentenciar a Sadam. A la horca con él. Como en el Far West, que te pillaban echando la siesta debajo de un árbol, y al poco hacías tic-tac como el péndulo de un reloj de cuco.
¿No es un asesino, se preguntaron elocuentes? Pues que pruebe de su propia receta, o leña al mono, que es lo mismo, hasta que reviente.
Esto, para nosotros, occidentales refinados y democráticos, es repugnante. Aquí, donde el valor de la vida y de la muerte tiene un sentido distinto al de los países de cultura árabe, es inadmisible, y está fuera de toda posibilidad legislativa. Aquí, dónde por salvar la vida se paga a quién trafica con órganos; dónde por vivir mejor, se asesina a los no nacidos.; dónde hay quién mata por una discusión de tráfico, o por elevar más alto la bandera de su pueblo, es incomprensible que a un asesino en serie, convicto y confeso, se le mande a la horca. Un asesino, que se limita a despreciar al tribunal porque se lo han organizado sus más acérrimos enemigos ?y no le falta razón jurídica- , y espera desde el día que lo cogieron metido en su zulo a que se lo liquiden, porque ya se sabía de memoria como acaban esos órdagos al Tío Sam cuando te caza que vas de farol.
¿Pero tiene alguien derecho a decidir sobre la vida y la muerte de las personas? ¿No es la vida un don divino, que nadie, ni siquiera uno mismo tiene derecho a poner término? Hay pocos que puedan decir, sin sonrojo de sus propios asesinatos consentidos, en esta cultura de muerte nuestra, que el derecho a la vida, es el primero de todos los derechos del ser humano. E incluso, hasta próceres de la patria, se permiten sentenciar, que Sadam se lo merece por lo que ha hecho. Y no saben que lo único que se merece Sadam es la posibilidad de que Dios le perdone, y de que con sus obras buenas, extienda el bien dónde antes extendió el dolor y el terror. Mientras reflexiona, y luego cuando se decida por el bien, debería seguir custodiado en una celda, intentando recuperar su conciencia de ser humano. Porque después del último estertor, ya no hay solución. Lo demás se llama venganza.
17 de noviembre de 2006
22 de septiembre de 2006
Y si nos censuramos, ¿qué?
Benedicto XVI pronunció un discurso en Ratisbona, supongo que en alemán para que sus compatriotas le entendiesen bien, y citó a un emperador bizantino, al que las tropas musulmanas tenían ahogado hasta las orejas, con el imperio en un puño, y más miedo en el cuerpo que un preso del corredor de la muerte.
Y se ha armado la mundial. O la mundial al cubo. Total. La misma se la montaron a Shalman Rusdie, y no era ni papa, ni conocido, ni alemán. Y es que en los totalitarismos, al que desentona, por muy lejos que esté, se le busca, se le rebana el cuello y a otra cosa. Ni religión, ni Alá, ni las barbas del profeta.
¿Es esto una declaración contra el Islam? No. Porque no hay nada más alejado del Islam verdadero que los inventos humanos a la sombra de las palabras del profeta. Y el régimen iraní, que es el que mueve el cotarro intentando buscarle las cosquillas a Bush, tiene de divino lo que la carrera de cerdos de Arazuri de Fórmula Uno. Como el de Sadam Hussein, que también citaba a Dios cada dos por tres, o el de Muhamar el Gadaffi. Asesinos profesionales, exterminadores de seres humanos, subyugadores de conciencias libres, y nada más. Lo podían hacer en nombre de la religión católica, del pensamiento budista, o del la poesía de Rabindarat Tagore. Será siempre una falsificación humana de algo tan sagrado como el sentimiento religioso, en el que el hombre busca a Dios para encontrar su fin transcendente. No es la primera religión en la historia ni será la única que se mancilla para obtener en su nombre fines espurios.
Cuando sus almas se encuentren con Dios cara a cara no les van a bastar los pelos de la barba para esconder su sonrojo. No les envidio el día.
Y se ha armado la mundial. O la mundial al cubo. Total. La misma se la montaron a Shalman Rusdie, y no era ni papa, ni conocido, ni alemán. Y es que en los totalitarismos, al que desentona, por muy lejos que esté, se le busca, se le rebana el cuello y a otra cosa. Ni religión, ni Alá, ni las barbas del profeta.
¿Es esto una declaración contra el Islam? No. Porque no hay nada más alejado del Islam verdadero que los inventos humanos a la sombra de las palabras del profeta. Y el régimen iraní, que es el que mueve el cotarro intentando buscarle las cosquillas a Bush, tiene de divino lo que la carrera de cerdos de Arazuri de Fórmula Uno. Como el de Sadam Hussein, que también citaba a Dios cada dos por tres, o el de Muhamar el Gadaffi. Asesinos profesionales, exterminadores de seres humanos, subyugadores de conciencias libres, y nada más. Lo podían hacer en nombre de la religión católica, del pensamiento budista, o del la poesía de Rabindarat Tagore. Será siempre una falsificación humana de algo tan sagrado como el sentimiento religioso, en el que el hombre busca a Dios para encontrar su fin transcendente. No es la primera religión en la historia ni será la única que se mancilla para obtener en su nombre fines espurios.
Cuando sus almas se encuentren con Dios cara a cara no les van a bastar los pelos de la barba para esconder su sonrojo. No les envidio el día.
21 de septiembre de 2006
Una ronda más
La vida de un no nacido (I). Un buen nadador
Tengo once semanas. Mamá me ha hecho una foto. Bueno... su ginecólogo, que metió un aparatito por el portal que usaré yo para salir al mundo. Dice mamá que me parezco a papá porque tengo la cabeza grandota, y papá es muy terco. No sé. Soy pequeño para opinar.
Lo que si tengo que confesar es que me gusta estar aquí. Yo noto a mamá y creo que ella me nota a mí. Me encanta nadar en esta piscina tan calentita. Puedo dar volteretas y rebotar en las paredes sin hacerme daño. El otro día estuve toda la tarde dando vueltas y vueltas. Luego creo que mamá se puso mala y empezó a vomitar, así que yo me fui a dormir por si acaso...
A papá le gusta tumbarse encima de la tripa de mamá y oir mi corazón. Pero creo que el tamborcito que se oye todo el rato es el bum-bum de mamá, que suena más fuerte y más despacio que el mío.
¿A que os pica la curiosidad saber si soy niño o niña? Pues tendréis que esperar hasta el próximo día porque me ha salido una pancheta grande (será de no hacer deporte), y no veo bien por esa zona, pero en seguida crezco un poco y os cuento.
Lo que si tengo que confesar es que me gusta estar aquí. Yo noto a mamá y creo que ella me nota a mí. Me encanta nadar en esta piscina tan calentita. Puedo dar volteretas y rebotar en las paredes sin hacerme daño. El otro día estuve toda la tarde dando vueltas y vueltas. Luego creo que mamá se puso mala y empezó a vomitar, así que yo me fui a dormir por si acaso...
A papá le gusta tumbarse encima de la tripa de mamá y oir mi corazón. Pero creo que el tamborcito que se oye todo el rato es el bum-bum de mamá, que suena más fuerte y más despacio que el mío.
¿A que os pica la curiosidad saber si soy niño o niña? Pues tendréis que esperar hasta el próximo día porque me ha salido una pancheta grande (será de no hacer deporte), y no veo bien por esa zona, pero en seguida crezco un poco y os cuento.
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