17 de noviembre de 2006

Al patíbulo con él

Les faltó a los magistrados tiempo para reunirse, acordar por unanimidad, y sentenciar a Sadam. A la horca con él. Como en el Far West, que te pillaban echando la siesta debajo de un árbol, y al poco hacías tic-tac como el péndulo de un reloj de cuco.
¿No es un asesino, se preguntaron elocuentes? Pues que pruebe de su propia receta, o leña al mono, que es lo mismo, hasta que reviente.
Esto, para nosotros, occidentales refinados y democráticos, es repugnante. Aquí, donde el valor de la vida y de la muerte tiene un sentido distinto al de los países de cultura árabe, es inadmisible, y está fuera de toda posibilidad legislativa. Aquí, dónde por salvar la vida se paga a quién trafica con órganos; dónde por vivir mejor, se asesina a los no nacidos.; dónde hay quién mata por una discusión de tráfico, o por elevar más alto la bandera de su pueblo, es incomprensible que a un asesino en serie, convicto y confeso, se le mande a la horca. Un asesino, que se limita a despreciar al tribunal porque se lo han organizado sus más acérrimos enemigos ?y no le falta razón jurídica- , y espera desde el día que lo cogieron metido en su zulo a que se lo liquiden, porque ya se sabía de memoria como acaban esos órdagos al Tío Sam cuando te caza que vas de farol.
¿Pero tiene alguien derecho a decidir sobre la vida y la muerte de las personas? ¿No es la vida un don divino, que nadie, ni siquiera uno mismo tiene derecho a poner término? Hay pocos que puedan decir, sin sonrojo de sus propios asesinatos consentidos, en esta cultura de muerte nuestra, que el derecho a la vida, es el primero de todos los derechos del ser humano. E incluso, hasta próceres de la patria, se permiten sentenciar, que Sadam se lo merece por lo que ha hecho. Y no saben que lo único que se merece Sadam es la posibilidad de que Dios le perdone, y de que con sus obras buenas, extienda el bien dónde antes extendió el dolor y el terror. Mientras reflexiona, y luego cuando se decida por el bien, debería seguir custodiado en una celda, intentando recuperar su conciencia de ser humano. Porque después del último estertor, ya no hay solución. Lo demás se llama venganza.

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